Communium Rerum, do Sumo Pontífice São Pio X

CARTA ENCÍCLICA DE SAN PIO X
COM MOTIVO DEL JUBILEO SACERDOTAL
DEL PAPA Y EL OCTAVO CENTENARIO
DE SAN ANSELMO
21 DE ABRIL 1909
VENERABLES HERMANOS:
SALUD Y BENDICIÓN APOSTOLICA

1. La caridad fuente de la piedad actual del pueblo cristiano.

1 En medio la acerbidad de los tiempos y las recientes calamidades que oprimen de dolor Nuestro corazon, Nos alegra y anima la piedad unanime de todo el pueblo cristiano que no ha dejado de ser aun “espectaculo para el mundo, los Angeles y los hombres (1Co 4,9), Esta piedad, movida quiza con mas ardor a la vista de los presentes infortunio s, proviene sin embargo, como de causa unica, de la caridad de Nuestro Señor Jesucristo, Pues, como ninguna virtud digna de este nombre, ha florecido en el mundo, ni puede florecer sino por Cristo, unicamente a El se han de atribuir todos los frutos que de ella se derivan entre los hombres, aun entre aquellos que son mas remisos en la fe o enemigos de la religion; en los cuales si se encuentra algun vestigio de la verdadera caridad, se debe a la bondad que Cristo trajo a este mundo, y que no han podido aun arrancar de si mismos ni de la sociedad cristiana.

Motivo: Agradecimiento por las manifestaciones a proposito del jubileo sacerdotal del Papa.

2 Al comprobar el deseo unanime de los fieles por consolar al Padre y aliviar a los hermanos en las calamidades comunes y privadas, sentimos conmover se Nuestro corazón de tal manera que no hallamos palabras con que expresar Nuestro agrade cimiento. Y aunque ya muchas veces lo hemos significado en particular a cada uno, queremos ahora dar a todos publicamente Nuestras mas expresivas acciones de gracias, y en primer lugar a vosotros, Venerables Hermanos, y por vuestro medio a todos los fieles que se hallan confiados a vuestros cuidados.

3 Asimismo deseamos declarar publicamente Nuestra gratitud, por tantas y tan brillantes demostraciones de amor y benevolencia, con que Nuestros queridisimos hijos celebrarón en todo el mundo Nuestro jubileo sacerdotal. Todo lo cual fue muy grato a Nuestro corazon, no tanto por lo que se referia a Nosotros, sino mas bien por causa de la religión y de la Iglesia, porque fue un valiente testimonio de fe, y como una demostración publica del honor debido a Cristo y a la Iglesia, por medio de la veneración de aquel, a quien el Señor ha colocado para gobernar a su familia.

Otras fiestas: Norteamérica, Inglaterra y Francia.

Pero también N os han alegrado grandemente otros frutos que de ello se siguieron. Asi, las fiestas con que varias diocesis de Norte Amé rica celebrarón con religiosa solemnidad el primer centenario de su ereccion, bendiciendo al Señor, por haber llama do tantas almas a la luz de la verdad y al seno de la Iglesia Catolica; asi, el magnifico homenaje que se tributo nuevamente a Cristo, presente en la divina Eucaristia, por miles de creyentes y con la asistencia de muchos de Nuestros Venerables Hermanos y de Nuestro Legado, en la nobilisima isla de Inglaterra; y asi también, el consuelo de la afligida Iglesia de Francia al contemplar los espléndidos triunfos del augusto Sacramento, especialmente en el santuario de Lourdes, cuyo quincuagésimo aniversario, celebrado con tanta solemnidad fue para Nosotros motivo de grande alegria. Por estos y otros hechos, sepan todos y entiendan los enemigos de la Iglesia, que el esplendor de las ceremonias y el culto de la Augusta Madre de Dios y los mismos filiales homenajes tributados al Sumo Pontifice, se refieren en ultimo término a la gloria de Dios: para que Cristo sea to do, y esté en todas las cosas (Col 3,11); de modo que, establecido el Reino de Dios en la tierra, puedan lograr los hombres la salvación eterna.

2. Retorno de los hombres a Dios y adhesión de las naciones a la Iglesia.

4 Este triunfo de Dios sobre la tierra que debe esperarse en los individuos y en la sociedad, no es otra cosa que el re torno de los hombres a Dios, mediante Cristo, y a Cristo, mediante la Iglesia, como lo habiamos anunciado Nosotros, según el programa de Nuestro Pontificado, al dirigiros por primera vez Nuestra palabra en la ENCICLICA “E supremi apostolatus cathedra” (3), y como lo hemos declarado luego en diversas ocasiones. Esperamos confiados este retorno, y para que se verifique cuanto antes, dirigimos a ello Nuestros intentos y Nuestros deseos, como a un puerto, en donde se vean apaciguadas aun las tempestades de la vida presente. Y no por otro motivo, Nos han sido tan gratos los homenajes ofrecidos a la Iglesia en Nuestra humilde persona, sino porque, con la ayuda de Dios, son indicio de este retorno de las naciones a Cristo y de una mas intensa y publica adhesión a Pedro y a su Iglesia.

3) Encíclica del 4 de Oct. de 1903.

5 Este grado de unión con la Sede Apostolica no existio ciertamente en todas las épocas ni en todas las clases de hombres, en la misma proporción ni con las mismas manifestaciones exteriores. No obstante, puede afirmarse con toda verdad, que por disposición especial de la divina Providencia, tanto mas estrecha esta union, cuanto mas adversos, como ocurre en nuestros dias, fuerón los tiempos, ya para sana doctrina o la disciplina sagrada o bien para la libertad de la Iglesia. En otras épocas dierón ejemplo de unión los santos, al recrudecer las persecuciones contra la grey de Cristo cuando los vicios corrompian mas al mundo, oponiendo providencialmente Dios a estos males, su virtud y su sabiduria.

3. Octavo centenario de la muerte de San Anselmo.

Entre estos santos queremos recordar ahora a uno de una manera especial, cuyo octavo centenario de su gloriosa muerte celebramos este ano. Nos referimos a SAN ANSELMO DE AOSTA, doctor de la Iglesia y defensor acérrimo de su doctrina y derechos, ya como monje y Abad en las Galias, ya también como arzobispo de Cantorbery y Primado de Inglaterra. Y no creemos que sera inoportuno, pues de las fiestas jubilares celebradas con brillante esplendor en honor otros dos santos doctores de la Iglesia SAN GREGORIO MAGNO y SAN JUAN CRISOSTOMO, gloria el uno de la Iglesia occidental y el otro de la oriental, dirigir Nuestras miradas hacia otro astro que, si “se distingue, en claridad” (1Co 15,41) de los dos anteriores, sin embargo, emulandolos en sus ascensiones, difunde en torno suyo no menor luz con su doctrina y con sus ejemplos. Mas aun, podria decirse que en cierta forma es mayor, en cuanto que ANSELMO se encuentra mas cercano a nosotros, por la época, el lugar, el caracter, los estudios, y porque se asemejan mas a nuestros tiempos, su género de lucha, la forma pastoral que adopto, y el método de enseñanza que aplico y difundio él y sus discipulos, confirmado principalmente por sus escritos, “los cuales compuso en defensa de la religión cristiana para provecho de las almas, y que sirvierón luego como norma para todos los teologos, que después de él ensenarón las sagradas letras según el método escolastico” (5). Por tanto, asi como en la oscuridad de la noche, mientras unas estrellas se ocultan, aparecen otras para iluminar el mundo, asi también, para ilustrar a la Iglesia, a los Padres se suceden los hijos. Entre éstos brilla SAN ANSELMO como astro de primera magnitud.

5) Brev. Rm, dia 21 de Abril.

Lumbrera de santidad y de sabiduria.

6 Ya la verdad, en medio de las tinieblas de los errores y de los vicios en que le toco vivir fue tenido SAN ANSELMO por los mejores de sus contemporaneos, como una lumbrera de santidad y de sabiduria. Pues “fue de hecho una de las principales columnas de la fe, honra y prez de la Iglesia… una gloria del episcopado, un hombre que supero a los mejores de su tiempo” (6) , “Sabio y bondadoso, orador brillante y de agudo ingenio” (7), su fama llego a tan alto grado, que merecio se escribiese de él que nadie en el mundo “habria podido decir: Anselmo es inferior o semejante mi” (8); por lo cual fue muy acepto a los reyes, a los principes y a los Romanos Pontifices, y fue querido, no solamente por sus hermanos en religión y por los fieles, “sino aun por sus mismos enemigos” (9). Aquel grande y valeroso Pontifice GREGORIO VII, le escribio, cuando aun era Abad, una carta llena de estima y de afecto, en la cual “encomendaba a si mismo y a la Iglesia Catolica a sus oraciones” (10), También URBANO II le escribio una carta en que reconocia su “superioridad en la piedad y en la ciencia” (11). PASCUAL II se dirigio a él en muchas ocasiones y con especial afecto, alabando la reverencia de su devoción y perseverancia de su piadosa solicitud, reconociendo asimismo “la autoridad de su vida santa y de su ciencia” (1Co 2,14), lo cual le movia a acceder a todos sus pedidos llamandolo abiertamente el mas sabio y el mas piadoso de todos los Obispos de Inglaterra.

6) Poema de la muerte de Anselmo.
7) Epitafio
8) Poema de la muerte de Anselmo.
9) Ibid.
10) Brev. om. 21 abril.
11) Libro III de las cartas de San Anselmo, 74 y 42. volver)

4. Su humildad, mansedumbre y grandeza.

7 Sin embargo ANSELMO se tenia si mismo por un hombrecillo despreciable, desconocido, de escasa cultura y de vida pecadora. Pero aunque sintiese tan bajamente de si, ello no disminuia en nada la alteza de sus pensamientos, como suelen pensar los hombres corrompidos moral e intelectualmente, de los cuales dice la Sagrada Escritura, que “el hombre animal no prende las cosas que son según el espiritu de Dios” (1Co 2,14). Pero lo mas admirable es que su magnanimidad y su invicta constancia, aunque fuerón probadas con tantas adversidades, persecuciones y destierros, estuvo siempre unida a una mansedumbre y amabilidad tales, que lograban apaciguar la de sus mismos adversarios y ganarse su voluntad. Asi pues, aquellos “cuya causa Anselmo contradecia, “alababan no obstante su bondad” (14).

14) Poema a la muerte de Anselmo.

8 Se hallaban por tanto de acuerdo en él dos cosas que el mundo juzga falsamente irreconciliables y contradictorias, a saber: la simplicidad con la grandeza, humildad con la magnanimidad, la fuerza con la suavidad, la ciencia en en fin con la piedad; de tal manera que, tanto en los comienzos de su vida religiosa como durante todo el tiempo de su vida, fue tenido por todos, “de una manera singular, como un modelo de santidad y de doctrina” (15).

15) Brev. Rm, dia 21 de Abril.

5. Su lucha publica por la justicia y la verdad.

9 Este doble mérito de ANSELMO no se contuvo entre las paredes domésticas ni en el ambito de las clases, sino que como de una palestra militar, salio a mostrarse en campo abierto. Porque habiendo vivido en tiempos tan dificiles, como antes dijimos, tuvo que sostener violentas luchas por la justicia y por la verdad. Y sien do él por naturaleza, mas bien propenso a la contemplación y al estudio, se vio inmiscuido en muchas y graves ocupaciones; y luego, cuando tuvo que atender al gobierno de la Iglesia, se encontro en medio de la lucha de esa época agitada. Asi pues, siendo de caracter dulce y apacible, por el amor a la sana doctrina y a la santidad de la Iglesia tuvo que renunciar a la vida tranquila, a la amistad de los poderosos, al favor de los grandes, a los dulces vinculos con que se hallaba unido a sus hermanos en religión y a los de mas Obispos, sus colegas en el trabajo, viéndose obligado a luchar con toda clase de adversidades y preocupaciones. Porque encontro a Inglaterra llena de odios y de peligros, y hubo de luchar contra reyes y principes usurpadores y tiranos de la Iglesia y de los pueblos, contra los ministros débiles o indignos de desempenar los oficios sagrados, contra la ignorancia y los vicios de los grandes y del pueblo, sin que nunca se disminuyese su ardor, que hizo de él el defensor acérrimo de la fe, de las costumbres, de la disciplina y libertad de la Iglesia, y por tanto de su doctrina y de su santidad. Se hizo pues entera mente digno de este otro elogio del ya citado Papa PASCUAL: “Gracias sean dadas a Dios, porque en ti permanece siempre la autoridad propia del Obispo, y porque aunque vivas entre barbaros no cesas de anunciarles la verdad, ni por temor a la violencia de los tiranos, ni por conservar el favor de los pode rosos, y sin temor a la hoguera ni la guerra”. y en otra ocasion: “Nos ale gramos, porque con la ayuda de Dios, ni las amenazas te perturban, ni las promesas te hacen mudar de proposito” (16).

16) Libro III de las cartas de San Ambrosio, cartas 44 y 71.

10 Por todo esto es muy justo que tam bién Nosotros, Venerables Hermanos, luego de transcurridos ocho siglos, nos gocemos como Nuestro Predecesor PASCUAL, y haciéndonos eco de sus palabras demos asimismo las gracias a Dios. Deseamos igualmente exhortaros a que fijéis vuestra vista en este ejemplo de doctrina y de santidad, el cual partiendo de Italia, brillo durante mas de tres anos en Francia y por mas de quince en Inglaterra, y fue un baluarte comun y una gloria para toda la Iglesia.

6. Su unión con Cristo y rón su Iglesia.

11 Ademas, si grande fue ANSELMO “en obras y en palabras”, es decir, en la ciencia y en la vida, en la contemplación y en la accion; si en la paz y en la guerra consiguio espléndidos triunfos para la Iglesia y notables provechos para la sociedad civil: todo se debe a la intima unión con Cristo y con la Iglesia que tuvo durante toda vida y en todo el tiempo de su magisterio.

Imitación del modelo.

12 Si grabamos todas estas cosas en nuestra memoria, Venerables Hermanos, en la solemne conmemoración de tan eximio Doctor, encontraremos en ello preclaros ejemplos que admirar y que imitar. De esta consideración obtendremos también nosotros con abundancia, la fuerza y el consuelo necesarios en el cuidado afanoso del gobierno de la Iglesia y de la salud de las almas, de modo que no descuidemos nuestra obligación de cooperar con todo empeno para que todas las cosas sean restauradas en Cristo y para que Cristo “sea formado en todas las almas” (Ga 4,19), principalmente en aquéllas que son la esperanza del sacerdocio, para sostener constantemente la doctrina de la Iglesia, para defender con valor la libertad de la Esposa Cristo, la santidad de sus derechos divinos y la plenitud en fin, de aquellos auxilios que exige la defensa del sacro Pontificado.

Tiempos calamitosos.

13 Porque veis muy bien, Venerables Hermanos, -y lo habéis deplorado muchas veces juntamente con Nosotros-, cuan lamentables son los tiempos en que vivimos y cuan adversas las condiciones en que nos encontramos. Ademas de los publicos infortunios que N os han producido profundo pesar, se ha aumentado nuestro dolor a causa de las calumnias levantadas contra el clero, a quien se acusa de haberse mostrado indolente en las presentes calamidades obstaculizando la benéfica labor de la Iglesia en favor de los hijos desolados y despreciando su solicitud y providencia maternales.

7. Ataques actuales de las naciones cristianas contra los derechos de la Iglesia.

Dejamos de lado muchas otras maquinadas en contra de la Iglesia con traidora astucia, o llevadas a cabo con sacrilego atrevimiento, hollando todo derecho publico y toda la ley de justicia y de moral natural. Lo mas grave es que ello ha sucedido en aquellos paises que habian recibido con mayor abundancia de la misma Iglesia las luces de la civilizacion. Porque, ¿qué hay mas inhumana que ver a los mismos hijos que la Iglesia crio y alimento como a sus primogénitos hacer de ellos los mejores y los mas robustos, y ver ahora que algunos de ellos esgrimen sus armas contra su misma madre que tanto se desvelo por ellos? Y no es alegria lo que proporciona el estado de los demas paises, donde la guerra, aunque se presenta en forma diversa, sin embargo recrudece de la misma manera o amenaza por medio de ocultas maquinaciones. Se pretende en fin en todas partes, en las naciones que mas deben a la civilización cristiana, privar a la Iglesia de derechos, tratarla como si no fuese, por su naturaleza y por derecho propio, una sociedad perfecta, según que fue instituida por el mismo Cristo, reparador de nuestra naturaleza; se quiere destruir su reinado, que si bien se refiere en primer término y directamente a las almas, no obstante, no favorece menos a su salvación eterna que a la estabilidad del progreso civil; se quiere a viva fuerza que en lugar del reinado de Dios, domine, bajo el falso nombre de libertad, la mas desenfrenada licencia. Y para que triunfe con el imperio de las pasiones y de los vicios la peor esclavitud, precipitando a las almas a su ruina, -“porque el pecado hace miserables a los pueblos” (Pr 14,34)-, no cesan entre tanto de gritar, “no queremos que Este reine sobre nosotros” (Lc 19,14).

Expulsión de las Ordenes religiosas.

De aqui proviene la expulsión en los paises católicos de las ordenes religiosas, que fuerón siempre ornato y defensa de la Iglesia, y las que promovierón mas eficazmente la ciencia y la cultura entre las naciones barbaras y civiliza das; de aqui el debilitamiento y la persecución de todas las instituciones de cristiana beneficencia; de aqui el desprecio y la irrisión de sus ministros, reducidos a la impotencia y a la inercia, a los cuales se combate de tal manera que resultan nulos sus esfuerzos, o se les dificulta o se les impide por completo el ejercicio del magisterio, sobre todo alejandolos gradualmente de la educación de la juventud; de aqui también el anulamiento de todas las obras catolicas de utilidad publica; des echados, despreciados y perseguidos también los mejores entre los laicos que profesan abiertamente el catolicismo, como si fueran de clase inferior y de poco valer, hasta que llegue el dia en que, a causa de la hostil opresión de las leyes, ya no les sea posible ejercer su acción en ninguno de los ramos de la vida publica.

Insidias de los enemigos.

Entre tanto, los causantes de esta guerra, llevada a cabo con tanta sana y tanta astucia, afirman descaradamente que no los mueve sino el deseo de la libertad, la civilización y el progreso, y mas aun, el amor a la patria: siendo semejante también en esto a su padre, “el cual fue homicida desde el principio y que cuan do habla falsamente, habla según su naturaleza, porque es mentiroso” (Jn 8,44), y esta movido por un odio insaciable contra Dios y contra el género humano. Hombres de crueles entranas, que tratan de enganar y armar insidia s a los ingenuos. No es el dulce amor de la patria o la solicitud por el pueblo, ni otro cualquier buen deseo o intento, el que los mueve a esta sacrilega guerra, sino el odio ciego contra Dios y contra su admirable obra, la Iglesia. De este odio se derivan, como de venenosa fuente, esos criminales propositos de oprimir a la Iglesia y apartarla de toda vida social; de alli el proclamarla muerta y anticuada, sin que por eso dejen de perseguirla; mas aun, han llegado a tal punto de audacia y de in sensatez, que luego de haberla privado de toda libertad, la acusan de no tener parte alguna en el bienestar de la sociedad y en la felicidad de la patria. De este mismo odio procede también el disimular astutamente o callar de proposito los servicios mas notables que ha prestado la Iglesia y la Sede Apostolica, es que ya no aprovechan estos servicios como otros tantos argumentos en contra nuestra, para hacer surgir la sospecha e insinuarse astutamente en las multitudes, acechando e interpretando cada palabra y obra de la Iglesia como si fuese un grave peligro para la sociedad, en lugar de reconocer, como es evidente, que el progreso de la genuina libertad y de la civilización mas exquisita provienen principalmente de Cristo, por medio de la Iglesia.

14 Sobre esta guerra, movida por los enemigos exteriores, “que en algunas naciones se lleva a cabo a campo abierto, y en otras con astucia e insidiosa mente, aunque de cualquier modo que sea se persigue a la Iglesia en todas partes”, ya habiamos prevenido en otras ocasiones vuestra vigilancia, Venerables Hermanos, sobre todo en Nuestra alocución consistorial, pronunciada el 16 de Diciembre de 1907.

8. Los ataques solapados del modernismo.

15 Pero con no menor severidad y dolor Nos vemos obligados a denunciar y reprimir otro género de guerra, in terna y doméstica, pero tanto mas fu nesta, cuanto que se lleva a cabo mas solapadamente. Esta guerra, movida por algunos hijos desnaturalizados, que viven en el seno de la Iglesia para desgarrarlo sigilosamente, se dirige en primer término a la raiz, al alma de la Iglesia; trata de enturbiar los manantiales de la piedad y de la vida cristianas, de envenenar las fuentes de doctrina, de disipar el sagrado deposito de la fe, de conmover los mismos fundamentos de la divina institucion, por medio del desprecio de la autoridad pontificia y episcopal; pretende dar nueva forma a la Iglesia, prescribirle nuevas leyes y nuevos derechos, según lo exigen los monstruosos sistemas ellos sostienen; en suma, quieren deformar toda la belleza de la Esposa de Cristo, movidos por el vano resplandor de una nueva cultura, a la que falsamente se da el titulo de ciencia, y sobre la cual nos previene muchas veces el Apóstol con estas palabras: “Mirad nadie os engane con una filosofia sin sustancia y capciosa, según los principios humanos y mundanos, y no según Cristo” (Col 2,8).

Los funestos efectos del modernismo y de la incredulidad.

16 Algunos, seduci dos con esta vana filosofia y con enganosa y afectada erudicion, unida una extremada audacia en la critica, “extraviarón en sus ideas (Rm 1,21), y dejando de lado… la buena conciencia, naufragarón en la fe” (1Tm 1,19); otros, en fin, entregandose exageradamente al estudio se perdierón en causas, y se alejarón del estudio de las cosas divinas y de las verdaderas fuentes de la ciencia. Por otra parte, esta mortal corrupcion, tomo el nombre de “modernismo”, debido a su morboso afan de novedad, aunque denunciada muchas veces y desenmascarada por los mismos excesos de sus fautores no deja de ser un mal gravisimo y profundo para la republica cristiana. Se oculta el veneno en las venas y en las entranas de nuestra sociedad que se aparto de Cristo y de la Iglesia, y “como un cancer”, va carcomiendo las nuevas generaciones, mas inexpertas y mas audaces. No se debe ciertamente esta manera de proceder a los estudios profundos y a la verdadera ciencia, pues es evidente que entre la fe y la razón no puede existir contradicción alguna (24); sino que ello se debe al orgullo de su entendimiento y a la atmosfera malsana que se respira en todas partes, de ignorancia o de conocimiento confuso y erroneo de cosas de la religion, unido a la vanidosa presunción de hablar y discutir de todo. Esta peste malsana es fomentada por el espiritu de incredulidad y rebelión contra Dios, de tal manera que los que son arrastrados por este ciego frenesi de novedad, creen facilmente que se bastan a si mismos, y que pueden prescindir, abierta o hipocritamente, del yugo de la divina autoridad, y crearse una religión que se mantenga dentro del derecho natural, y que se acomode al caracter y manera de ser individuales, la cual toma las apariencias y nombre del cristianismo, pero en realidad se halla muy alejada de vida y de su verdad.

24) Conc. Vatic. Constit. Dei Filius, cap. 4.

17 En todo esto no es difícil ver una de tantas formas de la perpetua guerra que se hace contra la verdad divina, y que ahora se lleva a cabo tanto mas peligrosamente, cuanto mas insidiosas son las armas de esta nueva y fingida piedad, del sentimiento religioso y la sinceridad con que los sectarios de esta doctrina se esfuerzan por conciliar cosas enteramente opuestas, como son las locuras de la ciencia humana, con fe divina, y los cambios del mundo, con la firmeza estable de la Iglesia.

9. Las mismas luchas de San Anselmo y de los santos varones de su época.

18 No obstante, Venerables Hermanos, aunque deplorais todas estas cosas juntamente con Nosotros, no por eso decaéis de animo, ni dejais de tener confianza. N o ignorais cuan graves fuerón las luchas que tuvo que sostener el cristianismo en otros tiempos, aunque de indole muy diversa a los nuestros. Sera suficiente recordar la época en que vivio ANSELMO, tan llena de dificultades según se puede comprobar en los Anales de la Iglesia. Hubo de lucharse entonces verdaderamente por la Iglesia y por la Patria es decir, por la santidad del derecho publico, por la libertad, la cultura, la doctrina, todo lo cual se hallaba en manos de la Iglesia; hubo de resistirse al derecho de los Principes, que se arrogaban la facultad de conculcar los derechos mas sagrados; hubo de extirpar los vicios, la ignorancia, la rudeza del mismo pueblo, que conservaba aun los resabios de la antigua barbarie; y fue necesario asimismo re formar una parte del clero, débil o irregular en su conducta, como quiera que muchos de sus miembros, escogidos según el capricho y perversa elección de los Principes, eran luego dominados por ellos a quienes obedecian servilmente.

19 Tal era el estado de las cosas, sobre todo en aquellos paises a los cuales dedico especialmente ANSELMO sus esfuerzos, ya por medio de la enseñanza propia del maestro, ya con el ejemplo del religioso, o con la asidua vigilancia y multiples industrias del Arzobispo o del Primado. Asi pues, recibierón sus beneficios, en primer término, las provincias de las Galias, que habian caido pocos siglos antes en poder de los Nor mandos, y las Islas Britanicas, que ha cia poco habian entrado en el seno de la Iglesia. Ambas naciones, habiendo sido durante tanto tiempo convulsionadas por las guerras externas y las internas sediciones, dierón lugar a la relajación en los gobernantes y en los subditos, en el clero y en el pueblo.

20 De semejantes abusos de su siglo se quejaban amargamente los insignes va rones de aquélla época, como LANFRANCO, maestro entonces de ANSELMO y luego su predecesor en la sede de Cantorbery; y mas aun los Romanos Pontifices, entre los cuales baste recordar al enérgico GREGORIO VII, defensor intrépido de la justicia en lo que se referia a la libertad de la Iglesia y a la santidad del clero.

21 Imitando ANSELMO estos deseos y estos ejemplos, y haciendo oir la voz del dolor, escribe en esta forma al soberano de los que a él estaban confiados, y que se solia gloriar de hallarse muy unido a él por lazos del parentesco y de la amistad: “Mirad, mi estimado señor, de qué manera la Iglesia de Dios, nuestra Madre, a la que el mismo Dios llama su bella amiga y su querida Esposa, es abatida por los gobernantes perversos, como se halla afligida por la condenación eterna de aquellos a quienes fue encomendada por Dios como protectores que la defendiesen, con qué arrogancia usurparón sus riquezas en provecho propio; con qué crueldad la privan de su libertad y cuan despiadadamente disipan su ley y su religion. Estos, rehusando obedecer a los decretos del Apostolico (hechos en defensa de la religión cristiana), se muestran abiertamente desobedientes al apóstol Pedro, cuyas veces él representa, y también a Cristo, que recomendo a Pedro su Iglesia… Porque los que no quieren sujetarse a la ley de Dios, son tenidos, sin duda alguna, como enemigos de Dios” (25). Asi ANSELMO, y ojala que lo hubiesen oido siempre, no sola mente los sucesores y los hijos de este valeroso Principe, sino también los de mas reyes y pueblos, tan amados por él, defendidos y colmados de beneficios.

25)) Cartas, libro III, c. 65.

10. El Santo y la dignidad, libertad y pureza de la Iglesia.

22 Pero las mismas persecuciones, los destierros, las expoliaciones, las fatigas sobrellevadas, principalmente en el desempeno del oficio pastoral, no solo no debilitarón el vigor de su virtud, sino que lo unierón cada vez mas estrechamente a la Iglesia y a la Sede Apostolica. En medio de las pruebas mas angustiosas escribia de este modo a Nuestro Predecesor PASCUAL:”No temo el destierro, ni la pobreza, ni los tormentos, ni la muerte, porque con la ayuda de Dios, esta mi corazón preparado a sobrellevar todo esto, por la obediencia a la Sede Apostolica y por la libertad de mi Madre, la Iglesia de Cristo” (26). Acude en de manda de protección y ayuda a la catedra de PEDRO, “no sea que por causa mia se vea disminuida alguna vez la firmeza de la religiosidad eclesiastica y de la autoridad apostolica”, según lo significa al escribir a dos ilustres prelados de la Iglesia Romana. Y añade en seguida esta razón que es para nosotros la piedra de toque de la fortaleza y de la dignidad pastoral. “Prefiero morir, y durante mi vida verme agobiado toda clase de penurias en el destierro antes que ver que por mi causa o por mi ejemplo, es en alguna forma mancillada la dignidad de la Iglesia de Dios” (27).

26) Cartas, libro III, c. 73.
27) Cartas, libro III, c. 47.

23 Esta dignidad, libertad y pureza la Iglesia son tres cosas que absorben por completo los pensamientos del santo varon, es lo que pide constantemente a Dios con sus lagrimas, oraciones y sacrificios; es lo que promueve con todas sus fuerzas, ya sea por medio de la resistencia vigorosa, o con la paciencia viril; es lo que defiende en sus obras, en sus escritos y en sus sermones. Con suaves y profundas palabras invita a lo mismo a los monjes, sus hermanos, a los Obispos, a los sacerdotes y a todo el pueblo fiel, y con mucha mayor vehemencia a aquellos principes que conculcaban mas despiadadamente los derechos y la libertad de la Iglesia, con gran dano propio y de sus subditos.

24 Estas nobles palabras, brillante testimonio de la sagrada libertad, son muy oportunas en nuestros dias y enteramente dignas de aquellos “a los que Espiritu Santo ha colocado como Obispos para regir la Iglesia de Dios” (Ac 20,28) y no dejan de ser utiles ni siquiera cuando, debido a la fe languideciente o a la perversidad de los hombres, o a la ofuscación de los prejuicios, no hayan de encontrar acogida. Porque, como bien lo sabéis, Venerables Hermanos, a nosotros se refiere de una manera especial la palabra del Señor: “Clama, no te des reposo, levanta tu voz cual trompeta”(Is 58,1); y esto principalmente ahora en que también “el Altisimo ha hecho oir su voz” (Ps 17,N) En el rugido de la naturaleza y de las calamidades presentes: la voz “del Señor que conmueve la tierra”, voz que resuena profundamente en Nuestros oidos para ensenarnos la dura lección de que lo que no es eterno no vale nada, “pues no poseemos aqui una ciudad permanente, sino que buscamos la futura” (He 13,14); pero voz de justicia y al mismo tiempo de misericordia, que llama al recto camino a las naciones extraviadas.

11. Necesidad de predicar las grandezas de la fe a toda clase de personas.

25 En estas publicas calamidades debemos elevar Nuestra voz, y predicar la grandeza de la fe, no solamente al pueblo, a los humildes, a los afligidos, sino también a los poderosos, a los ricos, a los gobernantes y a todos aquellos en cuyas manos se halla el destino de las naciones; y demostrar asimismo a todos las grandes verdades que la historia confirma con sus terribles y cruentas lecciones, a saber, que “el pecado hace miserables a los pueblos” (Pr 14,34), “los poderosos seran grandemente atormentados” (Sg 7,7), de donde aquél aviso del Salmo 2º: “Ahora bien, reyes, prestad atencion, y aprended, jueces de la tierra. Servid a Dios con temor… Abrazad la disciplina, no sea que se aire el Señor y os apartéis del camino verdadero”. Y hanse de esperar las mas terribles consecuencias de estas amenazas, cuando las culpas sociales se multiplican, cuando el pecado de los grandes y el de1 pueblo consiste en la exclusión de Dios y en la rebelión contra la Iglesia de Cristo: doble apostasia social que es fuente de anarquia, de corrupción y de un cumulo infinito de desgracias para individuos y para la sociedad.

Y como quiera que callando y contemporizando podemos ser complices de estas culpas, -lo cual ocurre no raras veces entre los buenos-, cada uno de sagrados pastores tome como dicho para si, e inculquelo oportunamente a los demas, lo que escribio ANSELMO al poderoso REY DE FLANDES: “Os ruego, suplico, exhorto y aconsejo, como fiel amigo de vuestra alma, mi Señor, que nunca creais que se disminuye la alteza de vuestra dignidad, si amais y defendéis la libertad de la Esposa de Dios y madre vuestra, la Iglesia, no penséis que os abajais, si la exaltais, ni que perdéis fuerzas si la fortificais. Atended, mirad a vuestro alrededor: a la mano estan los ejemplos; considerad qué aprovechan, a donde llegan los gobernantes que persiguen o desprecian a la Iglesia. Es demasiado evidente y no hay para qué decirlo” (34). Lo mismo repite y mas claramente, con la fuerza y suavidad que le eran propias, al gran BALDUINO, Rey de Jerusalén: “Como amigo fiel os exhorto y os suplico encarecidamente, y pido a Dios que, viviendo bajo su ley sometais en todo vuestra voluntad a la voluntad divina. Porque solo entonces reinais para vuestro provecho cuando reinais según la voluntad de Dios. No penséis, como lo hacen muchos malos reyes, que la Iglesia de Dios os ha sido encomendada como a un amo, para que os sirva, sino que os ha sido entregado como a su abogado y defensor. Ninguna cosa ama Dios mas en este mundo que la libertad de su Iglesia. Los que pretenden no tanto ayudarla como do minarla, son sin duda enemigos de Dios. Quiere El que su Esposa sea libre y no esclava. Aquellos que la respetan y la honran, como hijos a su madre, demuestran verdaderamente ser sus hijos e hijos de Dios. Pero los que pretenden que les esté sujeta, no son sus hijos, sino extranos, y por tanto son justamente privados de la herencia y de los bienes que a ella han sido prometidos” (35).

Asi desahogaba su espiritu lleno de amor a la Iglesia, en esta forma demos traba su entusiasmo por la defensa de su libertad, tan necesaria en el gobierno de la familia cristiana como querida por Dios, según lo afirmaba el mismo egregio doctor en aquella sentencia concisa y enérgica: “Ninguna cosa ama Dios mas en este mundo que la libertad de su Iglesia” Y Nosotros, Venerables Hermanos, no encontramos una manera mejor de expresaros Nuestros pensamientos, sino repitiéndoos una y otra vez estas hermosas palabras.

34) Cartas, libro IV, c. 12.
35) Cartas, lbiro IV, c. 80

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