Iucunda Sane, do Sumo Pontífice São Pio X

CARTA ENCÍCLICA
IUCUNDA SANE
DO SUMO PONTÍFICE
SÃO PIO X SOBRE
A RESPONSABILIDADE
DAQUELES QUE GOVERNAM
A IGREJA
VENERÁVEIS IRMÃOS,
SAÚDE E BENÇÃO APOSTÓLICA

Huella de Gregorio el Grande

1 Nos viene a la memoria, Venerables Hermanos, el gozoso recuerdo de aquel grande e incomparable varón (1), el Pontifice Gregorio, primero que utilizo ese nombre, del que vamos a celebrar el décimo tercer centenario de su muerte. No sin una especial providencia de Dios, que da la muerte y la vida…, que humilla y ensalza (1S 2,6-7), hemos de volver los ojos a este santo e ilustre predecesor, ornato y gala de la Iglesia, para que, también vosotros, Venerables Hermanos, llamados a participar en Nuestro apostolado, y todos los fieles que nos han sido encomendados, saquemos adelante cumplidamente nuestra mision, a pesar de las innumerables preocupaciones de Nuestro ministerio apostolico, en medio de tantas y tan profundas ansiedades en que hemos de gobernar la Iglesia universal y de las inquietudes que nos agobian. El animo ciertamente se eleva para tener confianza en su poderosa intercesión ante Dios, y es un gozo recordar todo lo que dispuso con sublime magisterio y lo que tan santamente realizo. Porque si con su firme gobierno y con la fecundidad de sus virtudes dejo en la Iglesia una huella tan amplia, tan profunda, tan clara que merecio ser llamado el Grande por sus contemporaneos y por la posteridad -y aun hoy, a pesar del tiempo transcurrido, es actual la alabanza escrita en su sepulcro: vivio siempre lleno de bondades (3)-, no podemos menos que seguir su admirabIe ejemplo y, con la ayuda de Dios y a pesar de la fragilidad humana, cumplir con nuestros deberes.

(1) Martyrol. Rm
(3) Apud. Ioann. Diac., Vita Greg., 1V, 68

Asi estaban las cosas cuando llego al Pontificado

2 Apenas es necesario recordar lo que ya es conocido por los datos de la historia. Cuando Gregorio asumio el supremo pontificado, era grande la perturbación de la sociedad; casi extinguida la vieja cultura, el imperio romano decaia dominado e invadido por toda suerte de barbarie. Italia, abandonada por los emperadores de Bizancio, era presa de los Longobardos que, sin asentarse, devastaban todo a hierro y a fuego en sus correrias, dejando todo sumido en luto y muerte. La misma Roma, asediada exteriormente por los enemigos, y afligida desde dentro por la peste, las inundaciones y el hambre, habia llegado a tal extremo de miseria, que parecia no tener medio de salvar a sus habitantes ni a los que se refugiaban en ella. Hombres de toda clase y condicion, obispos, sacerdotes que llevaban consigo los vasos sagrados para librarlos del pillaje, los religiosos y las esposas sin mancilla de Cristo: todos huian de la espada enemiga o de la inicua violencia de gente impia. El mismo Gregorio nos describe la Iglesia de Roma (4): una vieja nave, deshecha por la violencia… que hace agua por todas partes rota a diario por los embates de la tempestad y cuyas tablas carcomidas anuncian el naufragio. Sin embargo, Dios envio para salvarla el piloto que hacia falta, y éste, empunando el timon, llevarla a puerto entre aquel oleaje proceloso, guardandola de futuras tormentas.

(4) Registrum I, 4 ad Ioann. episcop. Constantinop.

Lo que hizo en trece anos

3 Es de admirar todo lo que hizo en poco mas de trece anos de pontificado. Sobresalio en la restauración de la vida cristiana en general: reanimo la piedad de los fieles, la observancia de los religiosos; la disciplina del clero y el celo pastoral de los sagrados obispos. Fue como un prudentisimo padre en Cristo (5), custodio del patrimonio eclesiastico, que atendio liberalmente y con abundancia las necesidades del pueblo, de la sociedad cristiana y de cada iglesia en particular. Como verdadero enviado de Dios (6), llevo sus energías de organizador mas alla de los limites de Roma, y se empleo en el bien de toda la sociedad. Hizo frente a las injustas exigencias de los emperadores de Bizancio, puso limite a la insolencia de los exarcas y funcionarios imperiales, y, como ; paladin de la justicia social, freno su execrable avaricia. Aplaco la ferocidad de los Longobardos, no temiendo salir a las mismas puertas de Roma para enfrentarse con Agilulfo, lo mismo que León Magno hiciera con Atila; no desistio en su empeño y ruegos amables hasta ver a aquellas temibles gentes finalmente pacificadas y organizadas con un gobierno y convertidas a la fe católica, cosa que consiguió con la ayuda de la piadosa reina Teodolinda, hija suya en Cristo. Por eso, se le aplica justamente el calificativo de defensor y libertador de Italia, tierra a la que él llama carinosamente suya (7).

(5) Apud. Ioann. Diac., Vita Greg., M, 51
(6) Inser. sepulcr.
(7) Registr. V, 36 (40) ad Mauricium Ang.

4 Gracias a sus inagotables atenciones pastorales, acabo con los errores que subsistian en Italia y Africa organizando la Iglesia en Francia, e impulso la reciente conversión de los visigodos en España. También convirtió a la verdadera fe de Cristo al noble pueblo britanico, que en los remotos confines del mundo, permanece todavia infiel, adorando idolos de madera y piedra (8), Al enterarse de tan preciosa adquisicion, Gregorio tuvo un gozo similar al del padre que abraza a su hijo queridisimo, ofreciéndoselo a Jesús Salvador, por cuyo amor -como él mismo dijo- nos encontramos en Bretana con unos hermanos a quienes no conociamos; por cuya mediación encontramos a quiei nes, sin saberlo buscabamos (9), Esas gentes estaban tan agradecidos al santo Pontifice, que le llamaban nuestro maestro, nuestro Apóstol, nuestro Papa, nuestro Gregorio, como si fuese el resello de su apostolado. En fin, fue tanto lo que hizo, que el recuerdo de sus hechos se grabo profundamente en las generaciones posteriores, sobre todo en la Edad Media, hasta el punto de poder decirse que su espiritu las informaba, sus palabras eran como el alimento espiritual, y procuraban imitar su vida y sus costumbres; felizmente, una sociedad inspirada en el cristianismo sustituia a la romana que, con el transcurso del tiempo, habia dejado de existir.

(8) Ibid. VIII, 2 (30) ad Eulog. episcop. Alexandr.
(9) Ibid. XI, 36 (28) ad Augustin. Anglorum episcop.

Su vision sobrenatural y su humildad

5 ¡Este cambio es obra de la diestra del Altisimo! Y es justo afirmar que Gregorio Tuvo el firme convencimiento de que era la mano de Dios la que habia hecho aquello. Con las siguientes palabras sobre la conversión de Bretana – que pueden aplicarse a todo cuanto hizo durante su ministerio apostolico-, se dirige al santo monje Agustin: ¿De quién es obra esto, sino del que dijo: mi Padre sigue actuando, y yo también actuo? (Jn 5,17). Para demostrar que la conversión del mundo no se debe a la sabiduria humana, sino a Su poder, eligio como predicadores a los ignorantes, enviandolos al mundo; lo mismo ha ocurrido con el pueblo inglés, porque se ha dignado hacer cosas grandes por medio de los débiles (11). No se Nos oculta todo lo que el Santo Pontifice, lleno de humildad, no queria atribuirse: su pericia para resolver los asuntos, su habilidad para llevar a feliz término lo que habia empezado; su admirable prudencia en las decisiones, su diligente vigilancia y su constante celo. Y también es evidente que no apetecio la fuerza y el poder, como los reyes de este mundo, quien -ocupando la mas encumbrada dignidad pontificia-, quiso ser el primero en llamarse “Siervo de los siervos de Dios”; no saco adelante su carga solo con ciencia humana o con persuasivas palabras de humana sabiduria (1Co 2,4); su prudencia no se apoyo en puntos de vista mundanos; tampoco se dedico a estudiar con prolongado detenimiento los medios de mejorar la sociedad, para ponerlos luego en practica; finalmente, es admirable que todo eso no respondio aun plan preconcebido que él se hubiese propuesto desarrollar paulatinamente en su ministerio apostolico; por el contrario, como es sabido, tenia la idea fija de que el fin del mundo estaba proximo, y que le quedaba poco tiempo para hacer algo importante. Siendo su cuerpo flaco y débil, aquejado de constantes enfermedades, con frecuencia al borde de la muerte, tenia una increible fuerza de espiritu, a la que continuamente proporcionaba nuevo aliento su fe viva en la palabra segura de Cristo y en sus divinas promesas. También confio plenamente en el poder divino entregado a la Iglesia, para poder cumplir bien su ministerio la tierra.

6 Como lo demuestra todo lo que dijo e hizo, durante toda su vida se propuso fomentar en si mismo esa fe y esa confianza, despertandolas con fuerza en los demas; y mientras le llegaba su ultimo dia, procuro hacer siempre lo mejor, en todo lo posible. De ahi la firme decisión de este santo de hacer llegar, para la salvación de todos, la abundancia de dones celestiales, con que Dios enriquecio a la Iglesia: la certisima verdad de la doctrina revelada, y su eficaz predicacion, como esta demostrado; los sacramentos, que tienen el poder de infundir o aumentar la vida del alma; y, por ultimo, con el favor del auxilio divino, la gracia de la oración hecha en nombre de Cristo.

(11) Registr. XI, 36 (28). volver)

Nos proponemos imitarle

7 El recuerdo de todo esto, Venerables Hermanos, Nos conforta gratamente. y si miramos a nuestro alrededor desde las alturas del Vaticano, sentimos el mismo temor -o mayor quiza- que sintiera Gregorio: tantas són las tempestades que se desencadenan y tantos los ejércitos enemigos que acosan; nos parece estar tan desasistidos de todo poder humano, que no nos vemos con fuerzas para dominar a aquéllas ni para resistir el empuje de éstos. Pero al buscar un punto de apoyo, un suelo firme para esta Sede pontificia, Nos sentimos seguros en la roca de la Santa Iglesia. ¿Quién ignora, escribia Gregorio al patriarca Eulogio de Alejandria, que la Iglesia Santa se apoya en la solidez del Principe de los Apostoles, solidez que nos hace recordar que el nombre de Pedro proviene de piedra? (13). La eficacia divina de la Iglesia no ha disminuido con el paso del tiempo, ni las promesas de Cristo han traicionado a la esperanza; esas promesas són las mismas que fortalecian el animo de Gregorio, y las que Nos fortalecen, por encima de tantas dificultades actuales y de tantas vicisitudes por las que estamos atravesando.

(13) Registr. VII, 37 (40).

8 Los reinos y los imperios desaparecen; con frecuencia, las naciones se destruyerón a si mismas, a pesar de su fama y de su cultura, como agostadas por la vejez. Pero la Iglesia, fiel a su propia naturaleza, sin romper jamas el lazo que la une al celestial Esposo, vive hasta hoy como una flor de juventud perenne, sostenida por la fuerza que proviene del corazón traspasado de Cristo muerto en la Cruz. Los poderosos de la tierra la combatieron; ellos han desaparecido, ella sobrevive. Los filosofos inventarón mil caminos, alabandose a si mismos, como si por fin hubieran conseguido destruir la doctrina de la Iglesia, hundir los fundamentos de la fe y demostrar lo absurdo de su magisterio. Sin embargo, la historia ensena que aquellos caminos terminarón desiertos, mientras que la luz de la verdad que procede de Pedro ilumina con la misma intensidad con que Jesús la hizo nacer y la mantie según la divina sentencia: el cielo y la tierra pasaran, pero mis palabras no fallaran (Mt 24,35).

La Iglesia, luz y fuerza del mundo

9 Nos, con esta fe y apoyados en esta roca, sin dejar de hacernos cargo de los gravisimos deberes del sagrado gobierno y del poder divino que Nos sostiene, esperamos que callen las voces de los vocingleros y que desaparezcan para siempre de la Iglesia católica sus doctrinas; no tardaremos mucho en ver como se abandonan las afirmaciones de una ciencia y de una cultura que rechaza a Dios, o en ver como desparecen de la sociedad. Entretanto, no podemos dejar de recordar todos, como hizo Gregorio, cuanta es la necesidad de recurrir a la Iglesia, que da la salvación eterna junto con la paz y la prosperidad terrenas en esta vida.

10 Asi, como decia aquel santo Pontifice, orientad los pasos de la mente, como habéis hecho desde el principio, hacia la seguridad de esa roca sobre la que nuestro Redentor, como sabéis, fundo la Iglesia en todo el mundo, de manera que el recto andar de un corazón sincero no se aparte por caminos equivocados (15). Solo la caridad y la unión con la Iglesia une lo dividido, pone orden en la confusion, nivela desigualdades y acaba con la imperfección (16). Estad seguros de que nadie puede gobernar lo terreno si no sabe tratar lo divino, y que la paz de la sociedad depende de la paz de la Iglesia universa (17).

De ahi la necesidad de un perfecto entendimiento entre la potestad eclesiastica y la civil, pues la providencia de Dios quiso que se ayudasen mutuamente. En efecto, la autoridad. ..sobre todos los hombres proviene del cielo para ayudar a quienes buscan el bien, para ensanchar el camino de la gloria y para que el reino de la tierra sirva al de los cielos (18).

(15) Registr. VIII, 24 ad Sabiniam. episcop.
(16) Ibid. V, 58 (53) ad Virgil. episcop.
(17) Ibid. V, 37 (20) ad Mauric. Ang.
(18) Ibid. III, 61 (65) ad Mauric. Ang

11 De estos principios brotaba aquella invencible fortaleza de Gregorio que Nos, con la gracia de Dios, trataremos de imitar, poniendo todos los medios para mantener incolumes los derechos y los privilegios de los que el Pontificado romano es custodio y defensor ante Dios y ante los hombres. De ahi que el mismo Gregorio, hablando de los derechos de la Iglesia universal, escribiese a los patriarcas de Alejandria y Antioquia: hasta con la muerte debemos protegerlos, porque si no amamos especialmente lo nuestro, danamos a todos (19). Y a Mauricio Augusto: ante quien con arrogancia alza su cabeza contra el Señor omnipotente y contra lo establecido por los Padres, yo, confiado en Dios todopoderoso, no inclinaré la mia, aunque me amenace con la espada (20). y al diacono Sabiniano: estoy dispuesto a morir antes que apartarme de la Iglesia del santo Apóstol Pedro. Conoces bien mi manera de proceder, porque soy capaz de soportar mucho, pero si decido no soportar mas, estoy dispuesto a enfrentarme a todos los peligros (21).

(19) Registr. V, 41 (43).
(20) Ibid, V, 37 (20)..
(21) Ibid. V, 6 (IV, 47).

12 Estas eran las principales enseñanzas del Pontifice Gregorio, obedecidas por todos aquellos a quienes se dirigian. y como los gobernantes y el pueblo hacian caso de ellas, el mundo se encaminaba por la buena senda hacia una convivencia noble y fecunda, tanto mas cuanto que descansaban firmemente en los fundamentos de un recto uso de la razón y de una rectitud de costumbres, que sacaban su fuerza de la doctrina revelada por Dios y de los preceptos del Evangelio.

13 Pero en aquella época, las gentes, aunque ignorantes, incultas y carentes de sentimientos, buscaban la vida; y de nadie podian recibirla sino de Cristo a través de la Iglesia: Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia (Jn 10,10). En efecto, la tuvierón ampliamente, puesto que, como la vida sobrenatural procede de la Iglesia, en ella se incluyen y fomentan también las fuerzas que dan vida al orden natural, Si la raiz es santa, también lo seran las ramas, decia San Pablo a los gentiles, …y tu, siendo acebuche, participaste con ellas de la raiz y de la abundancia del olivo (Rm 11,16-17).

La situación hoy dia

14 Nuestro tiempo, aunque esta tan iluminado por el espiritu cristiano que no tiene punto de comparación con el tiempo de Gregorio, sin embargo, parece despreciar la vida de la que principal -y, con frecuencia unicamente- proceden como de una fuente los bienes pasados y presentes. y no solo eso, sino que con errores y disensiones renovados, se trunca a si mismo como rama inutil, y busca la raiz profunda del arbol -la Iglesia- pretendiendo secar su savia vital, para abatirlo definitivamente e impedir que vuelva a retonar.

15 Este error moderno, el mayor de todos y del que proceden los demas, es la causa, que tanto nos duele, de la pérdida de la salvación eterna de los hombres y de los muchos danos que sufre la religion, que se haran mucho peores si no se les aplica la medicina. Niegan la existencia de todo orden sobrenatural: que Dios sea el creador de todas las cosas y que su providencia gobierne todo; niegan que haya milagros y, negandolos, necesariamente destruyen los fundamentos de la religión cristiana. Atacan los argumentos que demuestran la existencia de Dios, y con increible temeridad -contra los primeros principios de la razon-, se rechaza el poderoso argumento, que no admite prueba en contrario, de que la causa, es decir Dios y sus atributos se conoce por los efectos. Las perfecciones invisibles de Dios, incluidos su eterno poder y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo, por el conocimiento que de ellas nos dan las criaturas (Rm 1,21).

Después de esto, queda abierto camino facil a otros fantasticos errores, que repugnan a la recta razón y corrompen las buenas costumbres.

16 En la gratuita negación del orden sobrenatural a la que se puede llamar falsa ciencia (1Tm 6,20), se apoyan criticas historicas igualmente falsas. Todo lo que de algun modo forma parte del orden sobrenatural, o lo constituye, o esta unido a él o lo presupone, o lo que sin él no tiene explicacion, es borrado de la historia sin haberlo siquiera investigado; eso ocurre con la divinidad de Jesucristo; con su carne mortal asumida por obra del Espiritu Santo; con el hecho de que, por su propio poder, resucito de entre los muertos; y, finalmente, con las demas verdades de nuestra fe. Una vez emprendido ese falso camino, la ciencia no acepta ninguna ley critica y, confiando en si misma, suprime de los sagrados todo lo que no le favorece, o juzga que se opone a sus demostraciones. Negado el orden sobrenatural, es necesario buscar otro fundamento a la historia de los origenes de la Iglesia, e inventan novedades a su antojo, buscan argumentos que se acomodan a su gusto, y no al sentir de los autores.

17 Con semejante aparato doctrinal y tan falsos argumentos, enganan de tal modo a muchos, que éstos abandonan la fe o se debilitan grandemente en ella. Hay también quienes, aun constantes en su fe, critican implacablemente la disciplina, como si fuese la causa del mal, cuando en realidad no es asi, sino que, utilizada legitimamente, conduce a investigar con optimos resultados. Pero ninguno cae en la cuenta de lo que inadvertidamente estan admitiendo y proponiendo: una ciencia falsa, que por necesidad les lleva a conclusiones también falsas. Es evidente que todo es confusion, si se parte de un falso principio filosofico. Estos errores nunca podran ser suficientemente desmentidos, si no se buscan en su misma raiz, es decir, si no se aparta a los equivocados de las posiciones en que se consideran seguros y se les lleva al legitimo campo de la filosofia, cuyo abandono les lleno de errores.

18 Es triste tener que aplicar a hombres de tanta inteligencia y tan cultos las palabras de Pablo, que increpa a quienes no han sido capaces de elevarse desde la tierra hasta lo que no se ve con los ojos: Devanearón en sus discursos, y qued6 su insensato coraz6n lleno de tinieblas; y alardeando de sabios, vinierón a ser necios (Rm 1,21-22). Completamente necio debe ser llamado todo aquel que utiliza el poder de su inteligencia para construir sobre arena.

19 No són menos dolorosas las desgracias que, para las costumbres humanas y para la vida de la sociedad civil, se siguen de esa negacion. Al negar que haya algo divino fuera de la naturaleza visible, no queda nada para controlar las pasiones desatadas y nefandas, que se apoderan de las almas y les causan gravisimos danos. De suerte que Dios los abandono a los deseos de su corazon, a los vicios de la impureza, en tanto grado, que ellos mismos deshonrarón sus propios cuerpos (Rm 1,24). No se os oculta, Venerables Hermanos, como se extiende por todas partes la calamidad de costumbres corrompidas, que el poder civil no sera capaz de contener, si no busca la ayuda de ese orden mas alto, al que nos referimos. Ni tampoco habra autoridad humana alguna que pueda curar los demas males, si olvida o niega que todo poder viene de Dios. Ese es el unico freno con cuya fuerza se puede gobernar, pero esa fuerza ni se emplea con constancia ni esta siempre en a mano; y eso lleva consigo que el pueblo padezca como una enfermedad oculta, que no tenga estimulo para nada, que se conduzca a su antojo, que fomente las discordias, alimentando asi los mas perturbadores desordenes sociales, y que trastorne todos los derechos humanos y divinos. Olvidando a Dios, no se respetan las leyes civiles, ni las instituciones necesarias; se desprecia la justicia y se oprime hasta la libertad que es un derecho natural; se llega al extremo de disolver la unidad de la familia, que es el primer y mas firme fundamento de la sociedad civil. Asi, es muy difícil proporcionar a estos tiempos, tan hostiles a Cristo, los eficaces remedios que El entrego a su Iglesia para cumplir la misión de regir a los pueblos.

20 Sin embargo, fuera de Cristo no hay salvacion: Pues no se ha dado a los hombres otro nombre bajo el cielo, por el cual debamos salvarnos (Ac 4,12). Es preciso volverse hacia El, echarse a sus pies, y escuchar las palabras de vida eterna que salen de su divina boca; solo El puede indicar el camino para encontrar la salvacion; solo El puede dar la vida; solo puede dar la vida quien dijo de si mismo: Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). De nuevo se ha intentado el gobierno de los asuntos temporales fuera de Cristo; se comenzo a edificar rechazando la piedra fundamental, como Pedro echo en cara a los que crucificarón a Cristo. Una vez mas, el sillar se desliza para abatir la cerviz de los que edifican. Jesús sigue siendo la piedra angular de la sociedad humana, que esta comprobando la verdad de que la salvación no esta mas que en El: Este es aquella piedra que vosotros desechasteis al edificar, que ha venido a ser piedra angular, y fuera de El no hay salvación (Ac 4,11-12).

La responsabilidad de Los Pastores

21 Por todo esto, comprenderéis facilmente, VenerabIes Hermanos, hasta qué punto nos acucia a cada uno de nosotros la necesidad de fomentar, todo lo que podamos y con todas nuestras fuerzas, la vida sobrenatural en todos los ordenes de la sociedad humana, desde el mas humilde trabajador que con sudor gana cada dia su pan, hasta los mas poderosos rectores de la tierra. En primer lugar, pidiendo a Dios misericordia -con la oración privada y publica- para que nos conceda su poderoso auxilio, con la misma voz con que clamaban los Apostoles, zarandeados por la tempestad: Señor, salvanos, que perecemos (Mt 8,25).

22 Pero aun esto es poco. Gregorio culpaba al obispo que, apartandose del amor divino y de la oracion, no acudia al campo de batalla para defender decididamente la causa del Señor: Lleva inutilmente el nombre de obispo (32), decia con razon. Hay que iluminar las inteligencias predicando constantemente la verdad, y refutando las malas teorias con una verdadera y solida ciencia filosofica y teologica, y con todos los auxilios que proceden del genuino progreso de la investigación historica. Ademas conviene que se hagan llegar a todos las enseñanzas morales de Cristo, para que aprendan a ser duenos de si mismos, a dominar las pasiones, a reprimir la orgullosa soberbia, a obedecer a la autoridad, a vivir la justicia, a ser caritativos con todos, a mitigar con amor cristiano los odios que hay en la sociedad entre los de fortuna desigual, de modo que todos se conformen con lo que la Providencia les haya dado, y procuren mejorar cumpliendo bien su trabajo; y, sin abismarse en los bienes de la tierra, pongan su esperanza en los bienes sempiternos de la vida futura. Sobre todo, debe procurarse que estas ideas se inculquen y se asienten en el alma de modo que sean mas profundas las raices de una verdadera y solida piedad, y que cada uno cumpla sus deberes de hombre y de cristiano no de palabra, sino de verdad, y tenga una confianza filial en la Iglesia y sus ministros, pidiéndoles el perdón de los pecados; robustecidos con la gracia de los Sacramentos, acomodaran su vida a los preceptos de la ley cristiana.

(32) Registr. VI, 63 (30). Cfr. Regul. Past. I, 5.

23 Estas obligaciones del sagrado ministerio deberan estar empapadas en el amor de Cristo, con cuya inspiración no habra ningun caido a quien no levan ternos, ni afligido sin consuelo, ni necesidad alguna a la que no acudamos. Debemos vivir tan plenamente esta caridad, que ante ella desaparezcan nuestros problemas personales, olvidando nuestro propio interés y nuestra comodidad, de modo que hechos todo para todos (1Co 9,22), busquemos la salvación de todos, incluso a costa de nuestra vida, imitando el ejemplo de Jesucristo, que decia a los pastores de la Iglesia: el buen pastor da su vida por sus ovejas (Jn 10,11).

24 En magnificos documentos se recogen los escritos que Gregorio dejo, aunque dio un ejemplo todavia mas valioso con su admirable vida que con sus palabras.

Lo que los Pastores no deben hacer

25 Por todo esto, que surge necesariamente de los principios de la revelación cristiana y de las intimas obligaciones de nuestro apostolado, ya veis, Venerables Hermanos, cuanto se equivocan los que estiman que seran mas dignos de la Iglesia y trabajaran con mas fruto para la salvación eterna de los hombres si, movidos por una prudencia humana,

In vera distribuyen abundante la mal llamada ciencia, movidos por la vana esperanza de que asi pueden ayudar mejor a los equivocados, cuando en realidad los hacen companeros de su propio descarrio. Pero la verdad es unica y no puede dividirse; permanece eterna, sin doblegarse a los tiempos: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (He 13,8).

26 También se equivocan por completo los que, dedicandose a hacer el bien, sobre todo en los problemas del pueblo, se preocupan mucho del alimento y del cuidado del cuerpo, y silencian la salvación del alma y las gravisimas obligaciones de la fe cristiana. Tampoco les importa ocultar, como con un velo, algunos de los principales preceptos evangélicos, temiendo que se les haga menos caso, e incluso se les abandone. Al proponer la verdad, sera prudente proceder con tacto; cuando se hayan de tratar asuntos con quienes desprecian nuestras instituciones y viven completamente apartados de Dios, como decia Gregorio, al curar las heridas, es preciso tocarlas antes con mano delicada (36). Pero este procedimiento se quedaria en prudencia de la carne, si se pusiese en practica asi, sin mas; sobre todo, porque daria la impresión de que se tiene en poco a la gracia divina -que no solo se concede a los sacerdotes, sino a todos los fieles de Cristo-, y con la que nuestras palabras y nuestros hechos acaban venciendo toda resistencia. Esta clase de prudencia fue desconocida para Gregorio, tanto en la predicación del evangelio, como en todo lo que admirablemente hizo para remediar las desgracias del projimo. Siempre siguio las huellas de los Apostoles, que al recibir la primera misión de anunciar a Cristo por la tierra, decian: Predicamos a Cristo crucificado, escandalo para los judios, necedad para pus los gentiles (1Co 1,23). Porque si ha existido algun tiempo en que pareciese mas oportuna la prudencia humana, fue aquél., sin duda, ya que los animos no estaban preparados para recibir una doctrina nueva que contrastaba con las ambiciones generales, y tan opuesta a la magnifica cultura de los griegos y los romanos. Sin embargo, los Apostoles no hicierón caso de esa prudencia, porque conocian bien los designios divinos: Dios quiso salvar a los creyentes por la necedad de la predicación (1Co 1,21). Esa necedad, como siempre, también ahora es poder de Dios para tus los que se salvan, es decir, para nosotros (1Co 1,18). Como antes, también contaremos con armas poderosas en el escandalo de la cruz; como entonces, también en adelante venceremos con este signo.

(36) Registr. V, 44 (18) ad Ioannem episcop.

Ante todo, los Pastores deben ser santos

27 Sin embargo, Venerables Hermanos, estas armas perderan toda su eficacia, y no serviran de nada si los que las manejan no llevan una vida de intima comunión con Cristo, si no tienen una auténtica y profunda piedad y no arden en deseos de dar gloria a Dios y extender su reino. Consideraba todo esto el Papa Gregorio de tanta importancia que procuraba con delicadeza extrema, al ordenar nuevos sacerdotes y obispos, que todos ellos buscasen solo el honor de Dios y vibrasen en un auténtico celo por las almas. y esta preocupación se refleja en su libro titulado Regula Pastoralis, en el que se dan normas para una adecuada formación del clero y para el gobierno de los obispos; normas no solo validas para su tiempo sino también para esta época nuestra. Ademas, mientras describe con detalle como ha de ser la vida de éstos, como un Argos luminoso, pasea su mirada llena de una honda preocupación pastoral por todo el orbe de la tierra (40), para ver si se ha producido alguna desviación o negligencia en el clero y corregirlas en seguida. El solo pensamiento de que el fango y la corrupción pudiesen penetrar insensiblemente en la vida de los clérigos, le llenaba de terror. Si descubria que algo se habia hecho en contra de la legislación de la Iglesia, se preocupaba muchisimo y no encontraba Sosiego. Entonces se le veia amonestar, corregir, amenazar una y otra vez con penas canonicas a los transgresores de la ley; él, personalmente, imponia a veces estas penas y, a los indignos, sin retrasarlo lo mas minimo ni importarle las habladurias de la gente, quitaba las licencias.

(40) Ioan. Diac. Lib. II, c. 55.

28 Solia aconsejar cosas que aparecen con frecuencia reflejadas en sus escritos: ¿Como puede interceder por los hombres delante de Dios quien con la dedicación de su propia vida no se muestra consciente de que participa de Su gracia? (41). Si en su conducta se manifiestan las pasiones, ¿con qué atrevimiento se apresura a curar al herido, el que muestra en su rostro las mismas heridas?” (42). ¿Qué frutos podran conseguirse en los fieles, si los pregoneros de su doctrina, niegan con sus vidas lo que enseñan con sus palabras? (43). Ciertamente no tiene fuerza para ayudar en las caidas ajenas, aquel a quien sus mismas faltas tienen hundido (44)4.

(41) Reg. Past. I, 10.
(42) Ibid. I, 9.
(43) Ibid. I, 2
(44) Ibid. I, 11.

29 Piensa como ha de ser un sacerdote verdaderamente ejemplar y lo describe de esta forma: Muriendo a las pasiones de la carne, vive ya solo para el espiritu; desprecia los halagos del mundo; no teme las contrariedades y solo busca una auténtica vida interior; no le mueve la ambición sino que por el contrario entrega con generosidad todo lo suyo; su corazón esta pronto para perdonar, pero nunca, por una compasi6n mal entendida, falta con su perdón a la verdadera justicia, nunca hace cosas malas, y siente y desagravia por los pecados ajenos como por los suyos propios; sufre con los padecimientos ajenos y goza con las alegrias de los otros como con los suyos; puede servir de modelo para los que le I rodean, porque en toda su conducta no hay nada de qué avergonzarse; desea vivir de tal forma que pueda inundar del frescor de su doctrina incluso los corazones mas aridos de los que con él conviven; y ha aprendido por propia experiencia que por la eperseverancia en la oración puede obtener de Dios lo que le pide (45).

(45) Ibid. I, 10

Qué clase de sacerdotes deben ordenar los Obispos

30 Asi pues, Venerables Hermanos, ¡con cuanta profundidad debe reflexionar el obispo en su interior y en la presencia de Dios antes de imponer las manos a los nuevos sacerdotes! y ni por influencia, ni por suplica alguna -dice Gregorio- se atreva a ordenar a ninguno, sino solo a aquellos que por su forma de vida se hayan mostrado dignos del sacerdocio (46). ¡Cuanta prudencia necesita antes de confiar las tareas pastorales a los recién ordenados sacerdotes! Si no han sido debidamente probados bajo la constante vigilancia de prudentes sacerdotes, si no han demostrado llevar una vida honrada, tener un espiritu piadoso y capacidad de obedecer a todo lo que es enseñanza o experiencia constante de la Iglesia, y de obedecer también a los obispos a los que el Espiritu Santo coloco para gobernar la Iglesia de Dios (Ac 20,28), es de prever que solo se ordenaran sacerdotes no para salvar, sino para perder al pueblo de Dios. Pues no solo sembraran discordias, sino Ique provocaran rebeldias mas o menos escandalosas, presentando ante el pueblo un triste espectaculo, como si hubiera falta de unidad dentro de la misma Iglesia, cuando en realidad todo eso se ha de atribuir, lamentablemente, a la soberbia y a la contumacia de unos pocos. ¡Lejos, muy lejos de todo ministerio deben estar los que provocan las discordias! La Iglesia no necesita de semejantes apostoles y éstos no hacen el apostolado de Jesucristo sino su propio apostolado.

(46) Registr. V, 63 (58) ad universos episcopos per Hellad.

31 Nos parece tener todavia ante nuestros ojos la figura de Gregorio en el Concilio de obispos del mundo entero celebrado en Letran, en presencia de todo el clero de la Urbe. ¡Con qué fluidez brotarón sus palabras acerca de la misión de los clérigos! ¡Qué amor le consumia! Su discurso cayo sobre los hombres malos como un rayo. Son sus palabras como latigos que hacen reaccionar a los mas pasivos. Son llamas de amor de Dios que consumen suavemente a las almas mas fervorosas. Leedlas a fondo, Venerables Hermanos, y vuestro clero debe leerlas también, meditarlas; de manera especial en los dias, de retiro anual llevad a vuestra oración las palabras de este santo Pontifice (48).

32 Con gran tristeza se plantea esta cuestión entre otras: El mundo esta lleno de sacerdotes, pero a pesar de eso, en la mies de Dios apenas se encuentran operarios; porque recibimos el orden sacerdotal, pero no cumplimos los deberes que lleva consigo (49). y realmente, ¡cuantos hombres reuniria hoy la Iglesia si pudiese contar con un hombre en cada uno de los sacerdotes! ¡Qué abundancia de frutos para los hombres brotaria de la vida divina de la t Iglesia, si cada uno se dedicase a explicar la verdadera doctrina! Al actuar de esta forma levanto el Papa Gregorio un gran entusiasmo, que no solo duro mientras él vivia, sino que se alargo también a los anos siguientes. y asi, a ese tiempo se le conoce con el nombre “época gregoriana”, porque de Gregorio recibio casi todo su impulso: las leyes de gobierno del clero, la institucionalización del estado de perfección y de la vida religiosa, y, por ultimo, la musica sacra y la ordenación del culto.

(48) Hom. in. Evang. I, 17.
(49) Ibid. n. 3.

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